Luego de más de cuatro años de construcción, el Estadio Olímpico Nacional de China, o « Nido de pájaro » fue inaugurado a finales de abril con su primera competencia de atletismo. Situado al oeste de la capital, la edificación se impone. Visita a este faro de los Juegos Olímpicos Beijing 2008.
« Orgullo de China ». Así fue calificado el estadio olímpico de China cuando el pasado mes de marzo recibía el Premio a la Creativdad 2007 del Museo de Diseño de Londres. Situado al oste de la capital, justo al lado del Centro de natación, la obra de los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meudon (artífices de otros estadios en otros países) desborda originalidad, sobre todo desde el exterior.
Apodado « Nido de pájaro » por los chinos, con motivo de su armazón de vigas de acero entrelazadas que asemejan un nido de golondrina, el estadio acogerá las competencias de atletismo y fútbol, así como las ceremonias de inauguración y clausura.
Comenzados en diciembre del 2003, los trabajos de construcción duraron casi cuatro años y medio. Para la gigantesca infraestructura de este lugar de cinco pisos, 330m de largo, 220m de ancho y 69,2m de alto, así como un área de 250 000m² y no menos de 45 000 toneladas de acero, se necesitó 300 millones de euros. El estadio cuenta igualmente con un sofisticado sistema anti-incendios, y puede resistir temblores de tierra de magnitud 8,0 en la escala de Ritcher.
Un mes después de su inauguración con una competencia de marcha atlética, el Nido de pájaro acogió el Ómnium de Atletismo el 21 de mayo en el marco del preolímpico « Buena Suerte Beijing », oportunidad de ver en carne y hueso al campeón olímpico de los 110m con vallas y orgullo de los chinos, Liu Xiang. Las entradas para el evento de envergadura internacional fueron vendidas como merengue a la puerta de una escuela. Los 91 000 asientos rojos y grises fueron tomados por asalto, y los menos afortunados tuvieron que presenciar el evento de pie.
Desde el segundo día del Ómnium, las gradas estaban visiblemente menos llenas. Las pruebas de 3 000m femenino y masculino (que reunieron esencialmente a atletas locales), triple salto y lanzamiento del martillo, no tuvieron la misma popularidad que las del primer día de competencias. Sin embargo, en las afueras del estadio, los provincianos y capitalinos invitados por sus centros de trabajo, se apiñaban como sardinas en lata para entrar.
Los alrededores del lugar se encuentran aún bajo construcción. Chatarra, gravilla y otros escombros se amontonan alrededor de una calle de hormigón hasta la entrada del complejo deportivo. Los espacios destinados a la siembra de árboles permanecen aún vacíos sobre las aceras. A primera vista, nada parece apuntar que el Nido de pájaro estará listo a tiempo.
Sin embargo, a medida que nos acercamos al sitio, las primeras pelusas y floridos árboles aparecen. El lago ha sido llenado de agua y unos nenúfares se asoman tímidamente. Unas losas grises conducen a una sala. Los colores escogidos revelan una fuerte personalidad: el rojo de las paredes se mezcla con el gris de las escaleras, que combina con el negro de una rampa que conduce a los pisos superiores, iluminados por estilizadas lámparas blancas. Si bien estos permanecen cerrados, adivinamos un restaurante en el tercer piso, así como pasajes hacia las gradas superiores, a las que también puede llegarse por medio de elevadores. Una oficina de correos, puntos de agua potable y tiendas de souvenirs y comestibles están también puestos a la disposición del público.
Cada sección de tribuna está marcada por grandes letras mayúsculas. Vestidos con sus camisetas con tres listas azules y gorras blancas, los voluntarios guían a los espectadores hacia asientos al azar; cada quien puede sentarse donde le plazca. En dos extremos opuestos del estadio dos pantallas plasma han sido instaladas, una en chino y la otra en inglés. En lo alto, una lona blanca se extiende a lo largo del techo, dejando pasar la suficiente luz natural para disfrutar del evento deportivo.
El terreno, con su verde césped y pista roja, da la impresión de cierto reguero. Algunos atletas entrenan al unísono, otros corren o saltan, los equipos defilan, los comentarios resuenan, el público vocea... Un verdadero desorden. Los corredores masculinos terminan su última vuelta a la pista. Cansados, los espectadores se retiran, seguramente pensando en regresar para animar a las grandes estrellas del atletismo en tan solo unas semana, o al menos presenciar otros eventos deportivos una vez finalizadas las Olimpiadas.
Texto: Aurélie Palancher
Fotos: Wang Zhuo
Junio 2008