El lugar es marco propicio para todo tipo de excentricidades, incluso la de creer que la primavera ha llegado verdaderamente. Y es que a pesar del cielo azul, las temperaturas de la capital continúan aún bajo cero, los árboles aún permanecen desnudos, y el viento nos recuerda que el invierno no terminará por un largo rato, a pesar de que el Calendario Lunar diga lo contrario. El Festival de la Primavera no parece entonces hacer justicia a su nombre. Pero los miles de chinos que se abren paso a codazo entre los stands que casi se hunden bajo el peso de las artesanías, parecen no preocuparse por tal detalle.
A lo largo de toda la semana que dura la feria, los chinos se reservan el derecho de reirse de sí mismos al exhibir en sus cabezas largas orejas de conejo o cualquier otro extravagante accesorio. Comer los pinchos de carnero, los dulces de frutos secos de Xinjiang, las golosinas y especialidades culinarias del país, o volver a la infancia al jugar con coloridos molinillos de vientos, son otras de las actividades típicas de la feria.
En medio de tal jovial algarabía, las risas estallan frente a un espectáculo de diálogo cómico. En medio del mar de ramas de cerezos plásticos en flor, un círculo se forma alrededor de un tambor gigante que una decena de percusionistas hacen sonar, y los gongs que acompañan la Danza de los Leones le hacen eco. En una alameda adyacente se exhiben obras en papel cortado, y las calígrafos dan los toques finales a sus trabajos frente a las miradas de los curiosos aficionados.
Si bien las Miao Hui son típicas de Chunjie, es también posible encontrarlas durante las otras vacaciones con motivo de celebraciones importantes, como el Día Nacional (1ro de octubre), o el Día del Trabajador (1ro de mayo). En estas ocasiones, los parques se engalanan de linternas y se transforman en mini ferias, pero vale aclarar que estas feries en nada son comparables con las del Festival de la Primavera.
Texto y fotos: Aurélie Palancher
Fotos : Wang Zhuo y David Courbe
Febrero 2008