El Festival de la Primvera, celebración más importante de los chinos, cae este año el 7 de febrero; excelente oportunidad para las familias de reunirse y de inculcar esta milenaria tradición a las jóvenes generaciones.
Familia, palabra en boca de todos los chinos sin excepción, cuando evocan el Festival de la Primavera o Nuevo Año chino (Chunjie). Celebrado el primer día del primer mes lunar, este festival cuyo origen se remonta a la dinastía Shang (1766-1122 A.C.), tiene sus orígenes en los sacrificios ofrecidos a los dioses o a los ancestros en los primeros días del año. En el 2008, el festival cae el 7 de febrero y marca el comienzo del Año de la Rata.
Como las Navidades en el Occidente, las calles de Beijing parecen desiertas en vísperas de Chunjie (Chuxi). Los restaurantes cierran en su mayoría y, los pocos que permanecen abiertos son reservados por los fiesteros que se quedaron con hambre o que no desean cocinar. Las tiendas ponen sus carteles de ¨buen augurio¨ y los taxis son escasos. Pekineses o de otras provincias, todo el mundo regresa al hogar, y es que la semana de vacaciones de que todo el mundo disfruta durante Chunjie es la oportunidad de la población para hacer largos viajes.
Solo las decoraciones dispersas en la ciudad, junto a las guirnaldas de luces de colores (a veces exageradas), revelan el ambiente festivo. A sus 23 años de edad, Cao Peng Fei no puede evitar comparar Beijing con su provincia natal Hebei (noreste de China). « Con los grandes edificios de Beijing, no parece que sea el Nuevo Año Lunar chino», se queja. «En mi ciudad, mi padre escribe en caligrafía las frases que la gente pega en todas las puertas. Y también se cuelgan numerosas linternas rojas en todas las casas», explica este joven, quien ha decidio por primera vez pasar Chunjie en Beijing.
Una opción muy pensada. « Chunjie es simplemente la ocasión de beber con mis amigos. No tiene nada de interesante», estima él. Una vez adulto, el Festival de la Primavera parece haber perdido su encanto de antaño. « Cuando yo era niño, recibía los aguinaldos de fin de año: los hong baos (sobre rojos con dinero dentro) de mis padres, abuelos y otros, a primera hora de la mañana», se recuerda él. « Ahora es diferente; debería ser yo quien dé dinero a los niños, pero no tengo», agrega.
No hace mucho tiempo, Flora Li nos decía algo parecido: « Antes, el Festival de la Primavera era la ocasión para vestir nuevas y bonitas prendas, comer bien y recibir noticias de toda la familia». Con el tiempo, esta pekinesa de 25 años de edad reconoce que, si bien Chunjie es aún « parte de su vida », ha perdido su « lado excitante », en gran medida debido al desarrollo económico de China. « Una vez que eres adulto, ya no necesitas una ocasión especial para comer bien o comprarte ropa nueva; lo puedes hacer tú mismo cuando se te antoje», asegura.
Pero para Flora Li, un acontecimiento ha cambiado su destino: su hijo de un año. « Mi hijo es mitad chino, mitad inglés y, por tanto, Chunjie es más importante ahora: yo quiero que él conozcasu cultura», insiste mientras piensa en los preparativos para los festejos, comenzando por la limpieza detallada de su apartamento de tres habitaciones para recibir la llegada del nuevo año.
A continuación hay que ocuparse de la decoración: frases paralelas en caligrafía, papeles elegantemente cortados en forma de animales simbólicos, linternas, lazos de seda, el caracter chino « fu », que significa ¨felicidad,¨ colocado bocarriba sobre las paredes y puertas..., siempre predominando el rojo, color considerado sinónimo de felicidad en China. Y no olvidar los majares, donde nopuede faltar pollo, toufu y pescado, tres ingredientes que los chinos asocian con el buen augurio, y el exceso de dinero y granos. Y los raviolis (jiaozi) caseros nunca faltan; estos se comen a la medianoche sentados frente al televisor mientras se disfruta de la programación festiva transmitida por la cadena nacional.
Silenciosa al principio, la ciudad se despierta de repente por el ruido de petardos y fuegos artificiales lo que, según se dice, ahuyenta a los espíritus. « Los petardos simbolizan el paso al nuevo año. Antes, todo era demasiado calmado», sonríe Flora, ya que durante 12 años los petardos estaban prohibidos en la ciudad de Beijing. Mientras llega el Festival de las Linternas y, con este, las bolas azucaradas de arroz (tangtuan) que anuncian el fin de Chunjie, Flora Li espera mostrar a su hijo durante las siguientes semanas, las ferias (miaohui), las danzas de leones y tdas las demás actividades ligadas a esta celebración. Simplemente como otros millones de familias chinas.
Texto : Aurélie Palancher
Fotos : Wang zhuo
Febrero 2008