En Beijing, no es difícil ver a sus habitantes ejercitándose en la mañana, una forma de mantener la salud y de perpetuar una tradición milenaria.
Desde hace miles de años, los chinos tienen un secreto que les ha permitido desafiar el tiempo y el envejesimiento: el ejercicio matutino. Todos los días, desde que los primero rayos del sol se asoman, los cuarentones, cincuentones y jubilados de reúnen todos en el parque más cercano, o en el patio de sus viviendas para practicar el taichí, rubán, la danza de los abanicos, la ópera de Pekín, los bailes en pareja, la espada, etc. Su objetivo, muy simple: mantener la forma.
Antes del apogeo del turismo en China, los pekineses se reunían sobre las 273 hectáreas del parque del Templo del Cielo, tales como antaño lo hicieran los emperadores de la dinastía Ming (1368-1644), esta vez no para ofrecer ofrendas o sacrificios con el fin de obtener buenas cosechas, sino simplemente para disfrutar de un momento de calma y encontrarse a sí mismos. En la puerta este de este lugar de culto construído en el 1420, numerosas parejas bailan al compás de una grabadora mientras hacen girar cintas de muchos colores sobre sus cabezas, arte que ya existía en los tiempos de las dinastías Han (206 A.C.-220 D.C.) y Wei (420-589) durante los banquetes.
Las cintas utilizadas pueden tener 3 longitudes: 6, 10 o 12 metros. Hoy día, la mayoría de los amantes de este accesorio de la gimnasia rítmica son las señoras de ya cierta edad, como Guan, una pekinesa de 56 años que hace revolotear su cinta de 12 metros con facilidad pasmante. « No es tan difícil como parece. Al principio, se puede utilizar una cinta de 6 metros», nos explica. « Este ejercicio es favorable para la flexibilidad de las vértebras cervicales y para los riñones », prosigue, mientras lanza su cinta al aire. « Incluso el reumatismo ha desaparecido de mis espaldas desde que practico con la cinta», declara con cierto orgullo, y agrega: « También es bueno espiritualmente».

Conciertos :
23 agosto
