La idea no está nada mal. En una ciudad tan grande como Beijing, es fácil perderse y sentirse desconcertado cuando se está sólo de pasada. Difícil es también preguntar direcciones, ya que el nivel de inglés de los locales es bastante pobre. Para paliar este problema, la municipalidad de Beijing decidió establecer puestos de voulntarios por toda la ciudad desde principios de julio. Su tarea es responder a las inquietudes de los visitantes y ofrecer diversos servicios. Las cifras son astronómicas: 100 000 voluntarios en total, 70 000 en las instalaciones deportivas y los 30 000 restantes, repartidos en todos los rincones de la ciudad. Reconocibles por sus uniformes azul y blanco, y sus gorras, los voluntarios se dividen en grupos de cinco a ocho, en quioscos de 1 m3, que se localizan en los puntos estratégicos de la capital. Sin embargo, cuando le preguntamos sobre un lugar en particular, las cosas no son tan color de rosa: « Desean ir al parque Chaoyang (uno de los mayores parques de Beijing: ndlr)? Yo no conozco bien el lugar », nos confía Linlin, y agrega sin más ni más: « Por qué no van en taxi? » Le insistimos que preferimos el transporte público. Entonces la joven saca un mapa y, con ayuda de sus cuatro compañeros, tratan de resolver el problema durante unos minutos... Un verdadero trabajo en equipo. En el plano lingüístico, los voluntarios tienen aún algunas lagunas. Si bien ellos hablan un inglés bastante aceptable, tienden a olvidar que el francés es una de las tres lenguas oficiales de los Juegos Olímpicos de Beijing. En un quiosco, un voluntario pregunta, sin tacto alguno, a una pequeña francesa de 12 años: « Y por qué tú no hablas inglés? ». La madre acude en su ayuda: « Ella sólo está en la secundaria ». El contingente de voluntarios tiene tres meses para aprender estos pequeños problemas de orden cultural, para lo cual deberían afianzar mucho más sus estudios durante las próximas semanas. El número de lenguas extranjeras en que ellos ofrecen servicios debería también ser considerado más importante. Los quioscos permanecerán funcionando hasta los Paralímpicos, que tendrán lugar en septiembre. Si bien la inexperiencia de los jóvenes voluntarios es excusable; no lo es, sin embargo, la falta de mapas, plegables u otros materiales informativos. No obstante, el buen humor de estos pequeños embajadores olímpicos es muy contagioso, y sus sonrisas bien merecen todas las medallas de oro del mundo!
Para hacer frente a las 450 000 personas que se espera lleguen a Beijing para las Olimpiadas del 8 de agosto, el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Beijing (BOCOG) ha formado un gran contingente de voluntarios repartidos en quioscos a lo largo de toda la ciudad desde principios de julio. Su objetivo: informar a los turistas y ofrecerles servicios gratuitos en algunos de los idiomas más hablados del mundo. Impresiones.
Por lo general estudiantes en sus vacaciones, estos jóvenes chinos reclutados de todas partes del país han recibido una formación especial para hacer frente a la situación. En sus botiquines de primeros auxilios no falta nada: hay curitas, vendas y desinfectante.
Calurosos y de muy buena fé, estos voluntarios siempre acogen a los turistas con una sonrisa en la cara. Es este el caso de Wei Linlin, de 22 años de edad y estudiante de Traducción en la Universidad americana de Beijing, asignada a un quiosco en el distrito de Chongwenmen, al sudeste de la ciudad. « Bienvenido a Beijing! », exclama ella. Esta frase no tiene nada del otro mundo, pero realmente da placer escucharla. Todo el oro del mundo
Sin embargo, cuando le preguntamos sobre un lugar en particular, las cosas no son tan color de rosa: « Desean ir al parque Chaoyang (uno de los mayores parques de Beijing: ndlr)? Yo no conozco bien el lugar », nos confía Linlin, y agrega sin más ni más: « Por qué no van en taxi? » Le insistimos que preferimos el transporte público. Entonces la joven saca un mapa y, con ayuda de sus cuatro compañeros, tratan de resolver el problema durante unos minutos... Un verdadero trabajo en equipo.
Texto: Edouard Beauchemin
Fotos: Wang Zhuo
Julio 2008