Guo Xueli y su esposo son dos apasionados de la Ópera de Pekín. El matrimonio intenta revivir este arte tradicional con sus propios medios. Reencuentro.
« Luego de 30 años, he vuelto al arte ». Guo Xueli siguió los deseos de su padre. Esta pekinesa de 57 años de edad decidió abandonar la ópera de Pekín, su pasión, para ocupar un puesto en una empresa local de transporte, profesión más estable que ejerció sin convicción durante 17 años. Sin embargo, el llamado de la música fue más fuerte. Para esta primogénita de cuatro hermanos, su canción de cuna fueron las melodías salidas del gong y del tambor que tocaba su padre. Sus inicios en la ópera fueron cultivados por un célebre maestro de la época, y por su tío, músico profesional. Incluso cuando Guo Xueli fue enviada por 10 años a un campo de reeducación al noreste del país, su talento como percusionista no se desvaneció, sino que se desarrolló tocando en un grupo artístico del Ejército en los tiempos de la Revolución Cultural.
Revolución Cultural, período del que se recuerda perfectamente. « Antes de la Revolución Cultural, los músicos y actores tenían libertad artística. Los hombres podían interpretar roles femeninos, etc. Luego todo fue prohibido», nos cuenta. « De buenas a primeras, se nos impuso interpretar solo a los grandes clásicos, hasta el año 1976 », agrega.
Con su tambor a cuestas, y de mayor edad que el resto de los artistas en escena, Guo Xueli no hubiera jamás soñado con dedicarse al canto, hasta que conoció a su actual maestro en Beijing. « Él me encontró inteligente y pensaba que yo tenía buena voz », se sonríe. Luego de largas horas de preparación, ejercicios gestuales y vocalizaciones en el parque Beihai, e incluso sesiones de práctica después del trabajo: los domingo, junto a otros aficionadoes de este tradicional arte; los martes, en las cercanías del barrio..., Guo Xueli se entrega por completo en su papel de joven coqueta (Qing Yi), sin importarle que desde hace ya 8 años está jubilada.
Sin embargo, el hecho de que el arte constituya una pasión tanto para Guo Xiaoli como para su esposo, He Liansheng, trabajador en una empresa de medicamentos y también cantante aficionado, no significa que no tengan que hacer sacrificios. Un simple vistazo a su humilde morada al noreste de Beijing nos revela la frugalidad de la pareja, a no ser por algunos accesorios de la Ópera de Pekín, que Guo Xueli exhibe con orgullo. « Según el humor de mi personaje, yo cambio de flor. Si estoy contenta, llevo en el pelo una flor roja. Si estoy triste, una blanca », nos explica mientras nos muestra una caja metálica. « Los movimientos de mangas pueden también expresar sentimientos, de la misma forma que la voz », prosigue.
Un par de zapatos antiguos, de talón alto; un pantalón bordado; algunos pasadores de pelo; dos pequeños estuches de maquillaje de aceite rojo y blanco, son las únicas posesiones valiosas de Guo Xueli. Jocosamente, presiona a su esposo para que vaya a buscar su larga barba falsa que, con gran cuidado, guarda en la habitación de al lado. « Yo interpreto el papel de una personalidad noble y justa (Bao Gong). Según el color de la barba, puedo interpretar un personaje joven o viejo», nos precisa He Liansheng.
Debido a los altos precios de los trajes de ópera (varios cientos de yuanes), el matrimonio no tiene otro remedio que alquilar el vestuario. El maquillaje, pelucas y cofias son caros también. Por este motivo, la pareja, junto a sus amistades, ensayan los domingos generalmente en ropa de calle, en el Centro Cultural de Xicheng. Ellos ofrecen también demostraciones de tambor en universidades y escuelas. A pesar de la decisión del gobierno chino de instaurar cursos obligatorios de Ópera de Pekín en las escuelas, Guo Xueli nos dice con cierto resentimiento: « Ahora es demasiado tarde. Los jóvenes de hoy día no se interesan en este arte. Nosotros amamos la Ópera de Pekín desde nuestra infancia. Ellos, sin embargo, prefieren cantar en karaokes ». Su rostro vuelve a iluminarse cuando evoca su mejor recuerdo durante su carrera artística: « Yo estaba convaleciente de una operación seria. 12 días después, alguien me pidió que cantara, habiendo estado yo al borde de la muerte. A pesar de las advertencias de mi padre, lo hice. Fue un momento muy difícil », evoca ella. « Cuando concluyó mi interpretación, varias personas se me acercaron preguntando si yo era cantante profesional », ríe. « Yo tenía entonces 37 años », concluye.
Informaciones prácticas:
Centro Cultural del distrito de Xicheng (西城区文化中心): 西城区西直门内大街147号. Tel: 010-62267527
Es posible presenciar los ensayos del grupo todos los domingos de 1:30pm a 5:30pm.
Texto: Aurélie Palancher
Fotos: Wang Zhuo
Abril 2008

Exposiciones :
06 septiembre 09 septiembre
