El Festival de las Linternas, milenaria tradición china, cayó este año 21 de febrero, marcando el fin de las vacaciones por el Nuevo Año chino. En Beijing, el Jardín de las Flores del Mundo es el mejor lugar para disfrutar a plenitud de este acontecimiento. Impresiones.

Situado en el distrito de Fengtai, al sur de la capital, este Jardín presenta por segunda vez consecutiva, y a lo largo de las celebraciones por el Año Nuevo chino, una exposición de flores y linternas. Con sus blancas bóvedas, la arquitectura de la entrada se asemeja a la de la Ópera de Sydney. Rodeada de estrellas parpadeantes con florecitas incrustadas, la alameda principal está rematada de una pérgola resplandeciente. En el cielo, la luna rosada, al parecer también en son de fiesta, se muestra llena y generosa.
A lo lejos, los fuegos artificiales explotan estruendosamente, acallando un tanto las infantiles canciones chinas que salen de los altoparlantes. Arropados de pies a cabezas, todo el mundo acude a presenciar el espectáculo. Los bebés, que a penas se sostienen sobre sus propias piernas, no pierden de vista los grandes ramos de flores resplandecientes. Los adolescentes ríen a carcajadas tirándose fotos unos a otros y observando luego las cómicas imágenes en las pantallas de sus cámaras digitales. Los ancianos se pasean con cierta indolencia mientras masajean las palmas de sus manos con nueces. Los padres intentan adivinar las formas de las linternas. « Es un hongo? », pregunta en voz alta una cuarentona..
En el medio del Jardín, la Rata, animal del año, es la reina de la fiesta, opacando todo a su alrededor: matorrales tallados en forma de dragón u otros mamíferos cubiertos de guirnaldas, ordinarios arbustos, césped descuidado y rosales en capullo. Hay tantos indicios del invierno, como coloridas lamparas, guirnaldas y farolillos en seda o papel alegran el lugar. A un costado, un vergel de melocotoneros que se extiende sobre un área de 90m², y cuyos frutos simbolizan la longevidad, atrae a los curiosos que observan las reproducciones de monos que cuelgan de las ramas.
Sólo algo empañó un poco el día: no hubo ninguna representación artística. « Solamente en los pueblos de campo se pueden ver espectáculos. En Beijing, el Festival de las Linternas no se considera un día feriado, sino un día común y corriente en el que se trabaja », nos explica alguien. En este espacio un tanto kitsch, la casa de té, resguardada por una vidriera, constituye un verdadero remanso de calma y paz. Cálido, el lugar está repleto de verdes plantas y flores naturales, y rematado por un gran estanque alrededor del cual se han dispuesto varias mesas y sillas de mimbre.
Los stands defilan uno tras otro: tulipanes, zuecos y molinos de Holanda; frutas y vegetales, peces y otras temáticas, sin olvidar las mascotas olímpicas, que se presentan ejecutando todas las disciplinas deportivas. Un poco más lejos, una especie de cafetería tiene a la venta tangyuan (o yuanxiao). Estas bolitas hervidas pueden estar rellenas de zanahoria negra, sésame, yuyuba (azufaifa), carne o vegetales. Servidas calientes en su agua de cocción, ellas constituyen un plato típico del Festival de las Linternas, una forma de culminar las vacaciones de Chunjie con un toque azucarado.
Texto : Aurélie Palancher - Fotos : Wang Zhuo