El Centro Nacional de natación, « Cubo de agua », uno de los lugares insignia de los Juegos Olímpicos de Beijing, fue inaugurado a finales de enero, luego de 4 años de construcción en el Parque Olímpico de la capital. El resultado sobrepasa toda expectativa. Impresiones.
Inaugurado el 28 de enero, el Centro Nacional de natación fue bautizado tres días más tarde con motivo de su primera competición internacional, en el marco del torneo preolímpico « Buena Suerte Beijing ». Situado en en el cuarto anillo, al norte, la instalación, conocida como « Cubo de agua », es una maravilla de la tecnología, bajo la firma de PTW, un gabinete australiano de arquitectura.
Descendemos del taxi frente a la puerta oeste del parque olímpico, donde se encuentran el « Cubo de agua » y el « Nido de ave », estadio faro de los Juegos Olímpicos de Beijing. Pero como esta entrada es de acceso limitado, no nos queda más remedio que hacer un rodeo atravesando el viento glacial para llegar a la puerta opuesta, ya que el pasaje que conecta ambas puertas está aún bajo construcción, repleto de barras de metal y otros materiales.
En lo concerniente a la estética de este edificio, el azul de la membrana exterior intenta rivalizar con el azul del capitalino cielo invernal. Una vez en el interior, un ligero olor a cloro se apodera del blanco recinto: columnas, tabiques y paredes le hacen juego a la opacidad, translucidez y transparencia de los cristales puntuados con mosaicos de colores acidulados. Una escalera en forma de caracol, cuya entrada esta obstaculizada por una cartel, conduce a una cafetería. Todo inundado de luz.
Este ¨cubo¨ de 177 metros de largo por 30 de alto, y con una superficie de 110 000 m², necesitó cuatro años de trabajos, y está recubierto de más de 3 000 cojines de aire de plástico transparente de diversos tamaños. Vestidos con sus chaquetas deportivas en blanco y negro, una gorra en combinación, y sus vaqueros azules, los voluntarios ayudan a los espectadores a encontrar sus asientos entre las 17 000 sillas azules, blancas y grises.
En la sala de competencias, la piscina que acogerá las pruebas de natación y nado sincronizado, con sus ocho carriles, colinda con el tanque de clavado, cuyos blancos trampolines parecen impacientes por protagonizar momentos de gloria. No visible desde las gradas, otra piscina de entrenamiento a la que se accede a través de un túnel, está a disposición de los competidores. El techo y las paredes son en forma de burbujas transparentes, a través de las cuales se puede divisar un complejo armazón.
A primera vista, no es posible darse cuenta de la gran magnitud de este proyecto olímpico de un costo aproximado de 130 millones de euros, financiado esencialmente por los chinos de ultramar, suma nada despreciable para una verdadera proeza que ha sabido combinar estética, tecnología y ecología. De esta forma, la membrana exterior que recubre totalmente el ¨Cubo¨ está fabricada a base de ETFE (Etileno tetrafluoroetileno), una materia capaz de resistir sacudidas sísmicas y altas presiones.
El espacio entre las dos capas de cojines de aire está cerrado para evitar sobrecalentamiento. El Centro está equipado de un sistema de iluminación compuesto de diodos electroluminescentes, lo que hace que el edificio cambie de color según las condiciones meteorológicas y el momento del día. De esta forma, será azul cuando haya buen tiempo, amarillo entrando la noche, y blanco cuando el tiempo esté malo.
Desde el punto de vista ecológico, el Cubo cuenta con 9 puntos de agua potable a los que se suma un sistema de recuperación de agua instalado en el techo, con una capacidad de reutilización de 10 500 m3 de agua al año. Igualmente, un sistema de saneamiento de agua ha sido instalado en el subsuelo con el fin de asegurar la mejor calidad de agua posible.
A siete meses de los Juegos Olímpicos, la municipalidad de Beijing piensa ya en el futuro del « Cubo de agua ». Corriendo el mes de febrero otorgarán el nombre a una famosa marca de agua mineral, y el recinto se convertirá en el mayor centro acuático de China abierto al público.
Texto : Aurélie Palancher
Fotos : Wang Zhuo
Febrero 2008