Creada hace pos meses en Beijing por dos estilistas de Francia y Australia respectivamente, ¨El diván¨ es una marca ¨prêt-à-porter¨ que combina creatividad, elegancia y la delicadeza de la tela. Encuentro con este dúo de gusto impecable.
« Un abrigo es como una segunda piel ». Protegido por una gran puerta roja en metal, el estudio de Aurélien Lecour se encuentra en una pequeña calle del noroeste de Beijing. Alto, rubio, esbelto, este estilista marsellés de 24 años, recibe el sábado 17 de noviembre a los primeros invitados a la segunda presentación mensual de ¨El Diván¨, su recién nacida marca de ropas.
Creada hace pocos mese junto con Tony Hua, un estilista australiano de 35 años, ¨El diván¨ se asocia por el momento con abrigos, chaquetas y camisas de tamaño único o estándar para hombres y féminas. Pero también se asocia con la unión de dos profesionales de una moda de carácter fuerte y original. Uno, francés establecido en China hace 2 años y medio, tiene experiencia laboral en la parte de gran distribución. El otro, recién llegado a la capital china hace sólo 6 meses, es un australiano que durante una decena de años ha llevado su propia boutique Midesko (Millenium desing knockout) en Australia.
Luego de conocerse a través de un amigo común y de la pasión de ambos por la sutil combinación de los estilos japonés y occidantal, surgió esta línea de ropas. ¨El diván¨ hace referencia al diván de los psicólogos, a la terapia, al hecho de que uno debe cavilar y romperse la cabeza¨, explica Aurélien Lecour.
Un desafío que lestas dos cabezas pensantes han sabido vencer con buen gusto. En un apartamento de 200 m² se reparten el taller de diseño con sus múltiples patrones en papel, una sala de costura y las habitaciones de dormir. El conjunto está decorado colgaduras blancas, bombillas de estilos originales, una mesa de piedra, un sofá negro y viejos afiches colgados en las paredes. Y en este ambiente un tanto esnob, unas sesenta piezas sublimes de la colección de invierno se exhiben con estética insolencia, ya sea en las perchas, sobre maniquíes, o al lado de un montón de bolas de hilo de tejer.